Los programas de reconstrucción virtual, ironías de un necio retrógrada

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 Ironías forenses de estos tiempos


“Helmus Mutler, neurólogo danés, ha conseguido identificar en el córtex (capa superficial del cerebro) las terminales nerviosas que son las responsables de eso que llamamos “ realidad”: la condensación de sensaciones que aparecen unificadas en la conciencia; y también ha logrado descubrir, con precisión impecable, el código de los estímulos eléctricos que nos hacen ver un edificio, un bosque , un semáforo o una persona. Hoy es posible, gracias al llamado Casco Mutler, provocar ante nosotros la “realidad virtual” que nos venga en gana.”. La ciencia imaginaria, relatos de un mundo paralelo. Oscar de la Borbolla.
Los programas informáticos de reconstrucción, estos ingenios informáticos innovadores que permiten con un simple vistazo conocer la evolución del accidente, desde sus inicios, hasta las consecuencias finales dentro de la dinámica del hecho. Cada vez nos sorprenden más.

¿Que decir de este tipo de programas?, la novedad, lo impactante de las imágenes, la facilidad de visualizar los movimientos de las personas y los vehículos antes, durante y después de la colisión, la geometría de los vehículos, las condiciones del camino, simulando fielmente las condiciones atmosféricas que prevalecían en esos momentos de desgracia, el observar desde diversos ángulos el desarrollo del accidente. Todo con chasquear un botón.

Envidia de la buena embarga a los investigadores tradicionales o de gabinete, acostumbrados a describir en un texto de tantas páginas la evolución del accidente. Esto es un exceso para estos tiempos.

Los programas de reconstrucción son bondadosos, no te piden las largas jornadas de trabajo de varios expertos que intentan formulando diferentes hipótesis llegar a una conclusión que se pueda acercar a la realidad. Y lo peor, frecuentemente tanto trabajo y litro tras litro de café y finalmente los expertos no llegan a una solución única e incuestionable.

El programa de reconstrucción, sólo te pide datos y más datos; marca, modelo y tipo de vehículos, posiciones finales, ubicación de huellas e indicios, diseño del camino, los momentos de inercia, la geometría del vehículo se encuentra en la base de datos del mismo programa. Dale más datos y verás que el programa realizará una reconstrucción más impactante.

Esos modelos físicos anticuados y tan complejos que sólo modifican las conversaciones de los expertos ni siquiera se verán en el gráfico. Recuerda que la abstracción de los números que acostumbran los investigadores de la vieja escuela, vuelven más abstracto su criterio. Por cierto, olvídate de la cantidad de inferencias criminalísticas que hacen, eso es para locos subjetivistas, lo real, lo objetivo y verificable es una buena reconstrucción virtual.

El programa de reconstrucción con sus imagenes te ofrece una realidad concreta y creada con los datos que proporcionaste.

El programa de reconstrucción ofrece números, gráficas y el modelo físico que lo soporta. En algún momento proporcionaste el coeficiente de rozamiento a utilizar, te solicitó también las condiciones de la carpeta de rodamiento y se la diste, te pidió la ubicación de huellas y la proporcionaste correctamente, te pidió...etc. Intentaste dentro de tu rigor profesional no omitir algo. El manejo dentro de la lógica del programa ha procesado estos datos y utilizando las leyes de la física nos ha dado un resultado.

Pero que sucede, las huellas no coinciden con los movimientos del vehículo, las huellas quedaron atrás y el vehículo sigue mas adelante, algo no ha funcionado, quizás no elegiste bien dentro de la base de datos los vehículos correctos o no se encontraba el que necesitabas, quizás modificando ligeramente el coeficiente de rozamiento ¿1.6? de locos, en fin, pongámoslo, quizás modificando también ligeramente la geometría del camino. Algo pasa, ya hice estas modificaciones y mejoró la dinámica con los elementos fijados en la inspección de la escena del hecho, pero los vehículos siguen quedando distantes a las huellas.  Modifiquemos más, elijamos otro vehículo de caracteristicas similares, corrijamos por esto, por aquello…Hasta que, por fin, los movimientos de los vehículos coinciden con los de las huellas;  frenó aquí, colisionó allá y quedo hasta allá, las huellas cuadran a la perfección con los movimientos del vehículo, todo se obtuvo como queríamos, pero.....

Hemos demostrado que es una aplicación útil, que con el uso cotidiano se abaratará y que pronto inundará el mercado. El juez ya no necesitará traducir números en palabras, sólo tendrá que ver una imagen y decidirá rápidamente las responsabilidades. Sí en antaño con un texto accedía a un mundo imaginado por el experto y trataba de recrear con él el desarrollo del accidente, ahora con el programa de reconstrucción será parte misma del evento, ya que la intensidad de la simulación es equivalente a la experiencia de vivirlo.

Uno de los objetivos del programa informático es el “colorear” el accidente de tráfico con las tonalidades que el usuario elija.

Los necios, los investigadores de campo, de gabinete y todos aquellos que se resisten al cambio, retrógradamente argumentan que los programas informáticos de reconstrucción intentan establecer una realidad global, en red, con modem de por medio, en donde un número indeterminado de usuarios habitará un mundo en común, vivirá en un sueño colectivo donde todos vean lo mismo, la realidad virtual.

Los nuevos criterios periciales tenderan a otorgarse virtualmente. Es decir, la objetividad se "virtualiza".

Se dice que la imaginación imita la realidad pero con los programas de reconstrucción la realidad alcanzó lo que la imaginación ha soñado miles de veces, la realidad y la imaginación son una sóla.

Los que investigan aún con “piedras y palitos”, lamentarán los cortos alcances de la palabra escrita, su ceguera tecnológica los relegará cada vez más.

¡Que viva el cine¡, ¡que viva CSI y los programas informáticos de reconstrucción virtual¡, y que caduquen y mueran los empolvados libros de texto y los tercos investigadores de libreta.


Fuente: Autor, Perito Juan Martín Hernández Mota, México. www.criminalistica.com.mex

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