HISTORIA DEL FUSIL DE ASALTO

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La Primera Guerra Mundial sirvió de marco de reflexión sobre el papel del arma individual de infantería en el combate. En el escenario bélico característico de esta contienda, donde las trincheras se hallaban separadas escasos metros unas de otras, la ametralladora era el arma dominante y, frente a ella, el fusil de cerrojo resultaba excesivamente grande, potente y con escasa capacidad de fuego para contrarestar las oleadas de los asaltos.

Lógicamente comenzó a pensarse en el excelente papel que podría hacer un fusil más ligero, que disparase un cartucho menos potente, pero eficaz hasta 400 m. y con capacidad para hacer fuego automático como el subfusil o la ametralladora, que básicamente son las características que hoy definen al fusil de asalto.

 

Indudablemente se trataba de un concepto totalmente nuevo, porque el arma que cumpliera aquellos requisitos, se separaba tanto de los fusiles al uso como de las ametralladoras ligeras y de los subfusiles, aunque en determinadas condiciones tácticas tenía que operar como éstos. Era, en definitiva, un enfoque radicalmente diferente del problema del arma del infante y no simplemente una reforma de las existentes, pero que, ante todo, exigía una munición menos potente que la de los fusiles reglamentarios de la época, al objeto de poder controlar el disparo en ráfagas.

En el período comprendido entre las dos guerras mundiales, la idea no germinó en nada concreto. Cada país había realizado costosas inversiones en armas y municiones, por lo que la perspectiva de lanzarse a fabricar el fusil de asalto no tenía grandes visos de realización. Tampoco había razones para investigar sobre nuevas armas, porque el Tratado de Versalles había generado grandes esperanzas de asegurar en Europa y en el resto del mundo, un paz duradera. Por otro lado, Estados Unidos, con mentalidad muy conservadora, había encaminado sus proyectos en armamento ligero portátil, hacia una dirección distinta y poco innovadora, como fue la consolidación del fusil semiautomático "Garand" que disparaba un cartucho de alta potencia.

Tan sólo el Estado Mayor del Ejército alemán comenzó, en 1938, a desarrollar el estudio de un arma que supusiera un cambio radical en el armamento del fusilero granadero, base de su Ejército.

 

Al mismo tiempo, se fijaron las especificaciones de un cartucho de menos potencia, que se aviniera a los requerimientos del futuro fusil de asalto.

El análisis de las tácticas de combate empleadas por la Infantería alemana en los primeros meses de la II Guerra Mundial, vino a confirmar plenamente la necesidad de un arma de este tipo. La mayoría de los combates entre fuerzas de Infantería tenían lugar a una distancia inferior a 400 m., aunque el fusil de reglamento de la época podía alcanzar en tiro eficaz hasta los 1.000 m. y a esa distancia no hace falta un cartucho tan potente como los utilizados (6,5; 7; 7,92; 7,5 mm.)

Además un arma como el fusil proyectado resultaba ideal para las nuevas tácticas ofensivas de la "guerra relámpago", que exigía además gran movilidad de las fuerzas atacantes, una considerable capacidad de fuego y un grado de autonomía mayor que el existente.

En la fábrica alemana de Polte, se obtiene por fin el cartucho de 7,92x33 mm. "Kurtz" (corto), que parece ser el buscado, puesto que esta munición permitía el tiro a ráfagas con un retroceso más que aceptable. Con el cartucho ya perfectamente definido, en 1942 aparece el primer fusil de asalto, bautizado Mkb-43, que cambió su nombre por los de MP-43 y MP-44 (Maschine pistole) y poco después, en 1944, por el de StG-44 o "sturmgewehr", su último y más cómodo título, cuya traducción aproximada es "fusil de asalto" con lo que nombre y arma se hermanaron.

Existe una pequeña historia de contratiempos y dificultades sobre el “Sturmgewehr”. Parece ser que se construyó pese a la oposición de Hitler, quien hizo uso de su experiencia en la Primera Guerra para condenarlo, a causa de su poco alcance y también, porque había almacenados millones de cartucho de 7,92 largo. Sin embargo, el Ejército alemán estaba a favor del MK 43 y para protegerlo, se sustituyó su nombre por MP 43, haciendo ver al Führer que se trataba de fabricar subfusiles.

 

Esta arma, de la que se fabricaron 300.000 y resultó práctica y muy utilizable en el combate, fue dotada de una serie de complementos y accesorios, como la bocacha lanzagranadas, sistema de puntería óptico y hasta un prolongador de cañón curvo con mira de reflexión, para poder disparar resguardado desde algún obstáculo o desde el interior de vehículos tácticos.

No fue el MP 44 el único fusil de asalto proyectado y construido en Alemania. Durante la GM II hubo otro que cabe en esta categoría. Se trata del FG 42 (fusil de paracaidista) de Rheinmetall que entró en servicio a raíz de la incursión llevada a cabo por paracaidistas alemanes para liberar a Mussolini, en el Gran Sasso en septiembre 1942.

El MP-43, marcan el nacimiento del fusil de asalto en Alemania. En su excelente diseño se inspiró el famoso Kalashnikov AK-47 del que han sido construidos algunos millones y ha sido la base de la mayoría de los fusiles de asalto actuales: Desde el robusto, fiable, algo rudo y bien probado combate GALIL israelí, al refinado SiG 550/551 de los relojes suizos.

LOS FUSILES DE ASALTO DE LA POSGUERRA

Al finalizar la contienda mundial, el concepto de fusil de asalto estaba ya suficientemente extendido en todo el mundo y había calado profundamente en los Estados Mayores, sobre todo en los europeos, de manera que todos, de una forma u otra, acometieron planes de estudio y desarrollo, basándose en los modelos alemanes.

Para subvenir a las necesidades del bloque defensivo occidental (OTAN), en 1948 la Fábrica Nacional belga (FN) de Herstald, produce el fusil conocido por sus siglas FAL (fusil automatique legére) que se convertirá en un clásico del género y será el arma de asalto más difundida fuera del mundo comunista. Fue fabricado inicialmente en calibre alemán 7,92 x 33 (Kurtz) y años más tarde, en el nuevo calibre de la OTAN, el 7,62 x 51.

En 1949 fue adoptado por los Ejércitos belga e inglés (versión rebautizada L1A1). A principios de 1970, más de 75 paises utilizaban el FAL en sus diferentes versiones: Canadá, Australia, Indian, Argentina, Austria, Brasil, etc. El éxito se explica por las excelentes cualidades de este primer fusil de asalto de la posguerra : un arma perfectamente equilibrada, sólida, estabilizada, aunque sin duda, algo pesada por la gran cantidad de acero que se empleaba en su construcción.

En el panorama del arma ligera de la época, va a brillar con nombre propio un fusil español. En 1950, el Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales (CETME), fundado en año anterior inicia, con la participación de ingenieros alemanes que habían intervenido en la fabricación de los fusiles de asalto germanos, los estudios para el desarrollo de un fusil automático individual que sustituya al Mauser M-41, de dotación en las Fuerzas Armadas españolas. Surgió así el CETME modelo 2, con dos características especiales: el sistema de funcionamiento por retroceso de masas con acerrojamiento semirrígido ( Se trataba del mismo sistema de cierre semirrigido de rodillos que utilizaba la ametralladora M6-42),(el sistema imperante era el de toma directa de gases); y gran número de piezas de chapa embutida. Este fusil disparaba un cartucho de potencia intermedia, el 7,92 CETME, pero, tras la adopción por la OTAN del calibre 7,62 x 51, se desarrollaron los modelos A y B (en 1956 se inicia la fabricación del primero), hasta llegar al modelo C, adaptado al cartucho OTAN y en servicio desde 1964.

El tercer modelo de fusil de asalto en el panorama europeo de la posguerra, es el modelo aleman G-3, fabricado por Heckler Und Koch (HK). Este fusil no es más que un desarrollo del diseño CETME, aceptado tras numerosas pruebas por el Ejército alemán, en 1959. Desde entonces, el arma ha sufrido algunas modificaciones que no afectan a sus características fundamentales, aunque desde un principio el G-3 se adaptó al cartucho 7,62 x 51 OTAN. A partir del sistema de funcionamiento del CETME, la casa HK modificó los procesos de fabricación, con mayor empleo del metal estampado así como de material plástico, y ha creado toda una familia de variadas armas portátiles. El G-3 tuvo un enorme éxito, ya que fue aceptado por gran número de países. Actualmente está considerado como uno de los fusiles de asalto más importantes y es reglamentario en el Ejercito alemán.

 

En Estados Unidos se fueron por otros derroteros, siguiendo una dirección menos innovadora, pero perfectamente definida. Tras ciertos estudios y pruebas, quedó claramente concretado que el cartucho que se debía utilizar en una nueva arma para la Infantería, habría de ser de características similares al 30.06 Springfield, por la seguridad y confianza que confería al combatiente americano, reduciendo únicamente la logitud de la vaina al emplear otro propelente de mayor densidad de carga, para hacerlo más adecuado a las armas automáticas. A partir de aquí, se desarrolló un nuevo fusil similar al Garand M-1, con una mayor capacidad de cargador y con posibilidad de hacer fuego automático, que fue bautizado como M-14 y disparaba el nuevo cartucho 308 (equivalente al 7,62 x 51 mm.)

En el bloque oriental (Pacto de Varsovia), el panorama aparece dominado por el arma más famosa de la historia de los países socialistas. Nos referimos al "Kalashnikov" AK 47 (Automat Kalashnikov), que disparaba un cartucho de potencia intermedia, similar al 7,92 mm. Kurtz, el 7,62 x 47 mm. M-43. Fue fabricado en 1947, sobre la base de algunos STG44 alemanes, capturados por el Ejército soviético en 1945. Se trata de un fusil de asalto correcto y bien construido sobre el que se han aplicado las experiencias de fabricación en masa, recurriendo al metal estampado, técnica iniciada en la URSS con los subfusiles PPSh41 y PPSh43. La combinación adecuada del acero de buena calidad y madera de buen acabado en el cajón de los mecanismos, ha dado por resultado un arma que puede soportar duros tratos y errores de manejo. Resulta también muy fácil de entretener y puede utilizarse con un adiestramiento elemental, al reducirse al mínimo sus partes móviles. El AK47 básico y su versión más moderna el AKM han sido y son utilizados por fuerzas regulares y guerrillas de todo el mundo. Se ha fabricado en China, Polonia y República Democrática Alemana y su diseño básico ha inspirado otros proyectos extranjeros como el fusil VALMET finlandés. El AK fue arma reglamentaria del antigüo Pacto de Varsovia y de Ejércitos como el Egipcio o el Chino.

No puede establecerse con seguridad de dónde proviene la cantidad de AK-47 que se ve por toda la geografía mundial, ya que esta arma y sus derivados se fabrican en muchos países además de los citados: Hungría (modelo AKM-63), Corea del Norte, Yugoslavia y Rumanía; incluso numerosas copias se han fabricado en lugares tan extraños como Afganistán.

LA EXPERIENCIA AMERICANA DE VIETNAM

La OTAN no tardó en reconocer que era necesario un calibre más pequeño, puesto que el adoptado no correspondía, desde luego, a la munición más idónea para el concepto de fusil de asalto. La experiencia de los años transcurridos desde 1953, vino a confirmar esta impresión que era sentida en el fuero interno de muchos Estado Mayores de la Alianza. En efecto, el nuevo calibre exigía un elevado peso del fusil de asalto, para que pudiera absorber el fuerte retroceso que producía el disparo. Así, los infantes de la OTAN tenían que llevar un arma que, además de ser pesada, lo era más que las de sus adversarios del Pacto de Varsovia, dotados del AK47 que disparaba un cartucho más pequeño, el 7,62 x 39.

Por otro lado, su potencia hacía nula la eficacia en el tiro, cuando se empleaba la modalidad de ráfagas sin ningún apoyo. Los ingleses supieron ver desde un principio que el 7,62 x 51 no era un calibre para un arma de asalto y por ello, su versión del FAL sólo era semiautomática (tiro a tiro)

Mientras los países europeos occidentales se planteaban estas dudas, la guerra de Vietnam va a obligar a Estados Unidos a revisar su criterio, en favor de los gruesos calibres en vigor desde finales del siglo XIX. Desde los primeros combates en el nuevo escenario bélico del Sudoeste asiático, los soldados USA, armados con el M-14 30.06, se vieron en inferioridad de condiciones ante vietnamitas del Norte y guerrilleros del Vietcong, provistos del AK47, arma superior en ligereza, potencia de fuego y rapidez de tiro. Para subsanar esto, los estadounidenses decidieron investigar en busca de un nuevo fusil, adaptado a las nuevas circunstancias, y hallaron el Armalite AR-15, un arma de aspecto ligero y moderno a la que había que encontrar un nuevo tipo de munición.

 

Se pensó que un proyectil de menos calibre, pero dotado de mayor velocidad inicial, resultaría eficaz a 200 ó 300 m.; menos sin duda que el 7,62 mm. (.30), pero lo suficiente, teniendo en cuenta las distancias habituales del combate. Su valor balístico podía ser discutible, así como su efecto explosivo, pero el nuevo calibre .223 Remington (5,56 mm.) ofrecía sobre el 7,62, ventajas indudables en la práctica como su menor peso que permitía tiros a ráfagas largas con una aceptable puntería.

Los Estados Unidos parecieron descubrir en Vietnam, que los calibres pequeños daban mejores resultados tácticos en distancias cortas de combate. En aquel escenario bélico, se demostró que la mayor parte de los encuentros armados se libraron sobre los 100 m. de distancia. Con el 5,56, obtuvieron alta probabilidad de impacto en ráfaga y buena rasadura de trayectorias.

El inconveniente que se vio en este cartucho, era su nivel de entretenimiento, porque el 5,56 mm. se encasquillaba antes que el 7,62, pero los técnicos USA estimaron que las ventajas superaban a los inconvenientes y el .223 fue empleado en el AR-15 (M-16) que en 1965 entró en servicio en Vietnam. En 1966, se perfeccionó y pasó a ser fabricado por Colt, convirtiéndose en el célebre M16A1, el primer fusil de asalto de la segunda generación, el equivalente del AK47 en el mundo occidental, ya que se ha producido en centenares de miles y ha sido ampliamente suministrado y vendido a numerosos países de todo el mundo.
La aparición de la cartuchería 5,56 mm. y su rápida popularidad en la guerra de Vietnam, constituyó para Europa la señal de alerta de una tendencia al cambio en las municiones, que se confirmó con la elección de ese cartucho por las fuerzas armadas USA. Los Estados Mayores europeos, disconformes desde su aparición con el 7,62, contemplaron cómo los Estados Unidos que habían presionado a la OTAN para que se decantara por ese calibre, adoptaban unilateralmente la nueva munición y el fusil M16A1 adaptado a la misma. Desde este momento, los países de la Alianza se sintieron libres de esta dependencia y se lanzaron a fabricar la nueva munición y a la vez, a desarrollar un arma capaz de dispararla.

A su vez, las casas comerciales y fábricas de armas, del prestigio de FN, Heckler und Koch, Beretta,etc; no tardaron en darse cuenta de que el cambio a calibre inferior al 7,62, estaba en marcha y que existía un mercado potencialmente amplio para un arma que, con igual cantidad de cartuchos, permitía reducir la mitad de la carga de municiones y facilitaba el adiestramiento y el tiro por su pequeño retroceso.

Sin embargo, había un problema y era la gran cantidad de armas y municiones de 7,62 mm. existentes. Los aliados no podían permitirse desechar inmediatamente todas las armas de este calibre, que prácticamente acababan de adquirir. Por esta razón, hasta 1977 no comienzan en la OTAN, las pruebas-concursos encaminadas a proporcionar un nuevo cartucho básico para las fuerzas de Infantería y simultáneamente, los estudios para elegir un fusil de asalto adaptado a ese calibre.

Hubo que esperar hasta 1980, momento en que algunos países tenían que renovar sus reservas de armas ligeras, para que el proyectil SS-109, de 5,56 x 45 mm., fabricado por FN en Herstald (Bélgica), fuera escogido como segundo proyectil reglamentario.

El SS-109 es un cartucho de extraordinario rendimiento balístico. El proyectil es de ojiva de radio variable y base reducida. Mide 23,1 mm. de longitud (algo más largo que el normal de 5,56 que mide 23 mm., y que el norteamericano M-193 que tiene 19,2). Está formado por un núcleo perforante de acero tratado, de 4,62 mm. de diámetro (0,65 gr.), un núcleo de plomo (2,1 gr.) y un forro (1,3 gr.)

Para ello, tuvo que derrotar a otros proyectos de municiones de pequeño calibre, que también pugnaban por ser los sustitutos del 7,62 mm., como el 4,85 inglés, de 4,6 x 36 alemán y otras municiones americanas, como el 4,32 o los tipos llamados “flechettes”.

Actualmente, el 5,56 mm. se ha impuesto en todo el mundo, con muchas variantes y versiones. Pero, tras la adopción por la OTAN del cartucho belga SS-109, éste y el fabricado por USA para el M16A1 (llamado M-193), (la decisión de la OTAN planteó algunas dificultades a los países usuarios de armas con rayado par la carga M-193 (EE.UU., Francia, Israel...), puesto que sus armas no son muy precisas si se emplea la carga NATO), constituyen los dos grandes grupos de esta munición en el momento presente.
Más de medio siglo después, también en Alemania, se produce uno de los modernos modelos de este tipo de arma: el Heckler and Koch Gewehr 36 en calibre 5,56x45 OTAN.

Otra innovación de gran repercusión, tanto táctica como industrial, fue la implantación del calibre, 5,56 mm. El combate en la jungla demuestra la necesidad de un arma individual que, usando munición más ligera, permita al soldado portar una dotación numéricamente mayor, y toda vez que las acciones se realizan muchas veces de modo súbito y normalmente a distancias cortas con tiro automático, requieren que éste sea controlable, lo que no es posible con cartuchos tan potentes como el 30-06 (ilusión de los tiradores de caza mayor), el calibre del célebre fusil Garand M1, que muchos dicen fue el mejor de la Segunda Guerra Mundial. Aparece así, el calibre 5,56 mm. (233 americano) con el FUSA Armalite AR-15 (M16) y se consolida luego con el Colt M16A1.

Casi todos los Ejércitos occidentales se irán pasando al nuevo cartucho, España lo hará en los últimos 80. La letalidad del nuevo disparo se basa en su mayor velocidad remanente a la distancia de impacto, lo que produce la dispersión de los fluidos del organismo, y el volteo del proyectil después de incidir en los cuerpos, debido a estar subestabilizado (es similar al efecto "Dum-Dum").

Actualmente se apunta hacia el cartucho sin vaina, para desesperación de la logística y delicia de la industria suministradora.

LA INDUSTRIA MILITAR ESPAÑOLA DE LOS 60/70.

Durante años, la industria española en general, por la escasez de divisas y dificultad de importaciones, dedicó sus esfuerzos a la fabricación bajo licencia, o a la imitación de toda clase de productos de los que la mejora del nivel de vida y consumismo aumentaban la demanda. La industria militar, al tener su base en el desarrollo tecnológico general y las FAS abasteciéndose fundamentalmente de la Ayuda Americana, sufre retraso y abandono.


 

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